
Salir de casa con maletas en mano y la emoción a flor de piel es una sensación difícil de explicar. Esta vez, el viaje comenzó en el aeropuerto de Bogotá, rumbo a Barcelona, aunque con una escala larga (¡larguísima!) en Estambul.
Como buena viajera (y acompañante de mis papás), llegamos con tiempo de sobra al aeropuerto: unas 2 horitas de espera en sala antes del abordaje, ideal para que ellos pudieran sentarse tranquilos y familiarizarse con el entorno.
🎒 ¿Las maletas? ¡Chequeadas como debe ser!
Un detalle importante fue el control de tamaño: tuvimos que colocar nuestros equipajes de mano dentro del típico cajoncito metálico de la aerolínea para comprobar que cumplían con las medidas… ¡y por suerte pasamos sin problema!
Al abordar, ayudé a ubicar las maletas bajo el asiento delantero y otra en el compartimiento superior, para que mis papás no tuvieran que cargar nada durante el vuelo. Nos sentamos en nuestros puestos asignados y nos preparamos para despegar… aunque la historia apenas empezaba.
🛬 Escala sorpresa en Panamá
No lo teníamos planeado, pero el avión hizo una parada en Panamá, donde estuvimos detenidos más de una hora. Durante ese tiempo, personal del aeropuerto subió varias veces para verificar el equipaje, y luego entraron otros para limpiar los baños y aspirar el suelo del avión completo. Mis papás estaban algo confundidos, pero lo tomamos con calma.
🍽️ Detalles que hacen la diferencia
Ya de vuelta en el aire, la aerolínea nos ofreció una cena caliente, luego nos entregaron audífonos, un pequeño souvenir (¡detalles que alegran el viaje!) y, antes de aterrizar, un desayuno ligero. Mi mamá quedó encantada con lo organizado que fue todo.
🛬 Llegada a Estambul… y a esperar
Aterrizamos en Estambul, donde nos tocó una espera de 21 horas antes de continuar a Barcelona. Sí, leíste bien… ¡21 horas! Pero eso ya es historia para el próximo post.
Por ahora, solo puedo decir que iniciar este viaje con ellos, a pesar de los imprevistos, ya se siente como una experiencia transformadora.
✨ Tip de Camila:
“Si viajas con tus papás, no tengas miedo de tomarte tu tiempo para cada paso. Llegar con calma, verificar bien el equipaje y ayudar en lo posible hace toda la diferencia.”
