
Después de unos días mágicos en París, con cafés, paseos junto al Sena y mucha historia en cada esquina, llegó el momento de continuar nuestro viaje hacia la siguiente parada: Roma 🇮🇹. Pero antes de llegar al Coliseo y a los helados italianos… había que pasar la prueba final: el aeropuerto de París. 😅
🚌 Otra vez el bus al aeropuerto
El día comenzó temprano, porque en París el aeropuerto está bastante retirado del centro, y una vez más tuvimos que tomar un bus para llegar hasta allá. Aunque es cómodo y bien señalizado, el trayecto puede durar más de una hora dependiendo del tráfico, así que es fundamental salir con tiempo de sobra (especialmente si viajas con tus padres, que prefieren hacer todo sin correr).
Durante el camino, mis papás miraban por la ventana recordando todo lo que habíamos vivido en la ciudad: los croissants del desayuno, las luces nocturnas de la Torre Eiffel y los paseos tranquilos por los jardines de Luxemburgo. Fue un cierre perfecto… hasta que llegamos al control de seguridad.
🧴 El misterioso caso del palito para las selfies
Si hay algo que puedo confirmar después de varios viajes, es que en el aeropuerto de París el 90% de las veces se quedan con algo tuyo. 🙈
A veces es una crema, otras un perfume o incluso algún pequeño recuerdo. En esta ocasión, el “afortunado” fue nuestro palito para las selfies, que según el personal de seguridad no podía pasar (aunque en otros aeropuertos jamás había sido un problema).
Lo curioso es que, mientras se quedaban con el palito, en la otra bolsa llevaba un frasquito de alcohol para limpiar las manos, que supuestamente sería más riesgoso… ¡y ese sí pasó sin problema! 😅
A estas alturas ya lo tomamos con humor —después de todo, siempre hay algo que sacrificar por la seguridad europea.
✈️ Rumbo a Roma
Una vez superados los controles, el vuelo fue tranquilo y corto. En poco más de dos horas ya estábamos viendo desde la ventanilla los tejados ocres de Roma y sintiendo esa emoción única de llegar a una nueva ciudad llena de historia, arte y buena comida.
✨ Consejo de Camila:
“Si vuelas desde París, llega con mucha antelación. Entre el tráfico, las largas filas y los controles tan estrictos, el tiempo se va rápido. Y un consejo extra: guarda tus cremas, cosméticos o palitos para selfies en el equipaje facturado… ¡así evitas sorpresas! 😉”
